domingo, 11 de enero de 2009

Sin noticias de dios

Se preguntaba el aficionado del Atlético de Madrid antes del partido cuál era exactamente la labor de Agüero en su equipo. Si no juega contra el Liverpool y tampoco lo hace contra el Barcelona en Copa, ¿para qué sirve tener a uno de los mejores?. Pero ese no fue el problema. Estuvo el Kun, pero de poco sirvió. El Atlético volvió a encontrar en su defensa a su talón de Aquiles. Y así ni Maradona, o su yerno, lo arreglan. O lo desarreglan, que hablamos del Atléti.

Durante el calentamiento, la grada que sirve como redil para los ultras, se dedicó a lanzar bolazos de nieve contra Gorka Iraizoz y profiriendo graves insultos al Athletic de Bilbao. El árbitro demoró el inicio del partido seis minutos. Era un presagio, ayer no era el día de ganar ni de dar una buena imagen.

No empezó mal el Atlético. Fiel a su juego, trató de tocar y esperar a que los de arriba pusieran la nota de calidad. Así llegó el primer gol, Simao sacó un corner y Antonio López hizo el resto para poner el 1-0. Parecía que era el momento de olvidar las dos últimas derrotas.
Grave error. Ahí murió el Atlético, contra todo pronóstico los jugadores bajaron los brazos y sacaron la peor cara, la de la desidia que presidía antaño el Calderón. El Athletic supo aprovecharse y se puso a trabajar para ganar el partido.

Koikili fue educado. Avisó hasta tres veces de su intención de marcar, pero la defensa no puso remedio. Al filo del descanso, el lateral vasco empató y despertó el malestar dormido en las gradas. La afición no miró al palco, de nuevo se centraron en Javier Aguirre. El mexicano nunca ha levantado demasiadas simpatías. Y en el Calderón no le perdonan algunas de sus decisiones, por más que su gestión ofrezca los mejores resultados de los últimos años. Aguirre está sentenciado. Falta la fecha.
La segunda parte fue para preguntarse aquello de: "papá, ¿porqué somos del Atletí?" Nadie dio respuesta. Bueno, sí. Un canterano y en el campo. Domínguez, inédito en Liga, hacía más grande el oscuro mito de la suerte rojiblanca en el segundo gol vasco. Todo estaba en contra.

En medio del desierto, Llorente puso el tercer gol para asegurar a su equipo los tres puntos. Quedaba media hora en la que los jugadores rojiblancos hicieron el más difícil todavía. A Maniche le venía mal el partido. Mucho frío, resultado adverso y una renovación que no llega. Patadón en el pecho a Orbaiz y antes de que el árbitro le mostrara la roja, el portugués ya enfilaba hacia el vestuario a sabiendas de que no estará el miércoles en Barcelona. Toda una declaración de intenciones. La directiva tomará nota. Aguirre, también, aunque ya le conoce.
La gente se preguntaba por Agüero. Desde que Maradona es seleccionador argentino no es el mismo. El martes era baja por amigdalitis pero venció al frío para irse a cenar con su suegro. Ayer, no estuvo. Apareció cuando no se le necesitaba. En el minuto 80 para rematar a Javi García y pisarle el tobillo mientras se dolía de una falta en el suelo. Y en el último minuto, para hacer lo que sabe, regatear y ponerle el gol a Forlán. La tortura se prolongaba. Mientras, Ujfalusi seguía repartiendo patadas a los jugadores vascos. El árbol sigue sin dejarle ver el bosque.

El himno ahogó los gritos de ¡Aguirre vete ya! tras el pitido final. El Atlético ya no es lo que era y el mexicano debe reflexionar: no por mucho repetir una mentira se convierte en verdad.

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