En medio de festejos, alirones y pasillos, quiero acordarme de la cantera. De la que veo cada domingo jugándose el ascenso en Segunda B y de la que vi salir de la Ciudad Deportiva para debutar en Valdebebas. No hubo suerte, perdieron 2-3 ante aquel Valladolid de Víctor que subía imparable a Primera.Uno nunca para de aprender y me contaba hace poco Julio César Iglesias cómo nació la Quinta del Buitre. Fue por un reportaje que tenía que escribir para El País y que decidió enfocarlo hacia la cantera del Real Madrid. Tras convencer a sus jefes de que sería un buen tema si añadían a los filiales del Athletic y del Barça, el asunto salió adelante.
Una página entera donde se leía “La Quinta del Buitre”, que tituló así, me contaba Julio César, porque cuando se acercaba a ver los partidos del Castilla había un veterano aficionado que desde la grada gritaba “¡Buitre, buitre!”. El ánimo de aquel jubilado no era otro que pinchar al joven delantero rubio para que se moviese por el campo al son que marcaba su frustrado interés por los banquillos.
De aquel reportaje llegó una cita inesperada. Alfredo Di Stéfano llamó al periodista a capítulo. Con un temblor de piernas comprensible, Julio llegó tarde a aquella cita y le dio el tiempo suficiente a La Saeta para que explorase cada milímetro de su físico mientras alcanzaba la mesa.
Allí sentado, sin saber muy bien por donde se rompería la baraja, Di Stéfano se lanzó a decir “Voy a subir a cuatro”. La baraja no se rompió, se desmoronó entera para el periodista que desde ese momento sólo podía pensar en el quinto jugador que seguiría otro año en el Castilla.
Fue Michel el elegido, el que vería debutar a Sanchís y a Martín Vázquez en Murcia, a Butragueño en Cádiz y a Pardeza en Bilbao. Él debutaría un año después en Madrid, contra el Barcelona y con el 7 a la espalda. Otro argumento más con el que Michel apoyó ese “¡Me lo merezco!” que entonó tras marcarle el tercero a los coreanos en Italia 90. Era la reivindicación de la cantera.
Pero ya no hay nada que reclamar. Definitivamente nos quedamos sin Quinta. Aquí nadie apuesta por la cantera y, lo que es peor, la cantera tampoco apuesta por estar arriba. Yo quería tener una quinta con la que identificarme y me tengo que conformar cada domingo con buscar a los jugadores en otros equipos, defendiendo otros colores. Esa será mi Quinta del Buitre.
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